Para lavar cortinas sin que encojan hay que hacer cuatro cosas: quitar ganchos y soltar la cinta, lavarlas en agua fría o templada con un programa delicado y poco centrifugado, no meterlas en la secadora y colgarlas húmedas en su sitio para que el propio peso las estire. El tejido marca el resto: el algodón y el lino son los que más encogen; el poliéster, el que menos.
Abril es el mes de la limpieza a fondo: se abren las ventanas, entra el sol de primavera y se ven de golpe el polvo y el amarilleo que las cortinas han ido cogiendo durante el invierno. Antes de descolgarlas y meterlas en la lavadora sin más, dedica cinco minutos a leer esta guía. Una cortina a medida que encoge ya no vuelve a su largo, y eso se evita con muy poco esfuerzo.
Cuándo lavar cortinas y visillos
No hay una norma fija para lavar cortinas: depende de la estancia, del tejido y de lo que entre por la ventana. Como orientación:
- Visillos: son los que más se ensucian porque están pegados al cristal y filtran todo lo que entra por la ventana. Un lavado en primavera y otro en otoño suele ser suficiente; en cocinas y en calles con mucho tráfico, más a menudo.
- Cortinas gruesas: una vez al año, o cada dos si la habitación es limpia y se aspiran con regularidad. Entre lavados, basta con pasar el aspirador con el cepillo de tapicería de arriba abajo.
- Cortinas de cocina: cada pocos meses, por la grasa y el vapor.
- Estores: depende del tejido; muchos estores enrollables no se lavan, se limpian con un paño húmedo o con la aspiradora.
En la Campiña Sur, con tanto polvo de campo en primavera y en la siega, conviene sacudir y aspirar las cortinas con frecuencia y dejar el lavado completo para cuando de verdad haga falta. Cada lavado es un pequeño desgaste.
Antes de meterlas en la lavadora
- Mira la etiqueta. Si la cortina la hemos confeccionado en el taller, la tela lleva sus instrucciones; si es antigua y no tienes etiqueta, trátala como si fuera delicada.
- Quita los ganchos. Todos, uno a uno. Un gancho olvidado rompe el tambor de la lavadora o desgarra la cinta.
- Suelta el fruncido. Tira de los cordones de la cinta fruncidora para dejar la cortina plana; así se lava mejor y no quedan marcas en los pliegues. Anuda los cordones al extremo para no perderlos dentro de la cinta.
- Sacude y aspira el polvo antes de lavar. El polvo mojado se convierte en barro y ensucia el agua.
- Trata las manchas localizadas con un poco de jabón neutro antes del lavado; en la lavadora no se van solas.
- Comprueba el forro: si la cortina tiene forro cosido, ambos tejidos se lavan juntos y hay que respetar el más delicado de los dos.

Las cintas de cabecera (fruncidora, de tablas, nido de abeja o armadora para barra) aguantan bien el lavado si van sueltas y sin ganchos. Si la tuya se ha deformado o despegado con los años, se puede sustituir; en la sección de cintas para cortinas tienes todos los tipos por metros.
Programa, temperatura y detergente según el tejido
La regla general es agua fría o templada, programa delicado, centrifugado corto y detergente suave sin lejía. Esta tabla resume lo habitual para los tejidos más comunes, siempre por debajo de lo que indique la etiqueta:
| Tejido | Lavado | Centrifugado | Riesgo de encoger | Secado y plancha |
|---|---|---|---|---|
| Poliéster y mezclas | Lavadora, templado, delicado | Corto | Bajo | Colgado; plancha suave o sin planchar |
| Algodón | Lavadora, agua fría o templada | Corto | Alto si se lava caliente | Colgado; plancha media, algo húmedo |
| Lino | Lavadora delicado o a mano, agua fría | Muy corto o sin centrifugar | Alto | Colgado; plancha caliente con vapor |
| Visillo de gasa o voile | Lavadora delicado en bolsa de malla, frío | Sin centrifugar | Bajo | Colgado húmedo; no suele necesitar plancha |
| Terciopelo y chenilla | Preferible limpieza en seco; a mano si la etiqueta lo permite | No | Medio, además de perder pelo | Colgado; vapor sin apoyar la plancha |
| Tejidos oscurecedores con capa | Paño húmedo o programa frío delicado | No | Bajo, pero la capa se puede agrietar | Colgado; no planchar por el lado de la capa |
Otros consejos que evitan disgustos: no llenes el tambor más de la mitad, para que la cortina se mueva con soltura; no mezcles colores claros y oscuros; y no uses suavizante en visillos, porque les quita cuerpo y atrae más polvo. Si tienes dudas sobre qué tejido tienes entre manos, la entrada sobre cómo elegir el tejido de las cortinas te ayuda a identificarlo.
Secado: la clave para que no encojan
Aquí es donde se decide todo al lavar cortinas de tejidos naturales. La secadora es el enemigo número uno de las cortinas: el calor seco fija el encogido y arruga la cinta. Lo correcto es:
- Sacarlas de la lavadora en cuanto termine el programa, sin dejarlas apelotonadas.
- Sacudirlas y estirarlas con las manos, sobre todo el bajo y los laterales.
- Colgarlas húmedas directamente en el riel o la barra, con los ganchos puestos y el fruncido aún suelto. El propio peso de la tela la estira mientras seca y devuelve el largo. Pon una toalla en el suelo si gotea.
- Si no puedes colgarlas en su sitio, tiéndelas abiertas en un tendedero a la sombra, nunca dobladas por la mitad ni al sol directo, que amarillea el blanco y desvanece los colores.
- Cuando estén casi secas, tira de los cordones para volver a fruncir la cinta y ajusta el ancho.
Con el lino y el algodón, que son los que más encogen, es especialmente importante estirar el bajo mientras está húmedo. Aun así, si un tejido natural encoge un poco, no está todo perdido: a veces se puede bajar el dobladillo unos centímetros en el taller.
Planchado y cortinas con forro
La mayoría de las cortinas colgadas húmedas no necesitan plancha. Si quedan arrugas, plancha del revés con la cortina aún ligeramente húmeda, a la temperatura del tejido, o usa un cepillo de vapor con la cortina ya colgada, que es lo más cómodo con las de gran tamaño. Las cortinas con forro se planchan por el lado del forro a temperatura baja; si el forro es térmico u oscurecedor con capa, no se plancha nunca por ese lado.
Con las cortinas de tablas o nido de abeja, no planches los pliegues de la cabecera: se marcan solos al fruncir la cinta con la cortina húmeda. Si aplastas los pliegues con la plancha, quedan artificiales y cuesta recuperarlos.
Lavar cortinas grandes, pesadas o con muchos años
Un ventanal de salón con cortinas dobles y forro puede pesar más de lo que admite una lavadora doméstica cuando está mojado. En ese caso, es mejor lavarlas de una en una, con un programa de poca agua y sin centrifugar, o llevarlas a una lavandería con máquinas grandes. Las cortinas muy antiguas, con tejidos debilitados por el sol, pueden rasgarse en el lavado; con ellas, mejor aspirar, airear y lavar a mano solo si hace falta.
Y si, después de tantos años y lavados, la cortina ya no tiene arreglo, quizá sea el momento de renovarla. En nuestro taller de Azuaga las confeccionamos a la medida exacta de tu ventana, en tejidos lavables y con la cinta que prefieras; tienes toda la información en la página de cortinas a medida. Para elegir bien la próxima, te vendrá bien la guía de consejos para comprar cortinas.
Preguntas frecuentes
No es recomendable. Los ganchos metálicos o de plástico se enganchan en el tambor, desgarran la cinta fruncidora y pueden dañar la propia cortina y la lavadora. Quítalos todos antes de lavar y vuelve a ponerlos cuando la cortina esté húmeda, justo antes de colgarla para que seque en su sitio.
Primero cuélgalas húmedas y tira suavemente del bajo para recuperar parte del largo mientras secan; con vapor también se puede ganar algo. Si aun así quedan cortas, se puede bajar el dobladillo si el bajo tiene margen, o añadir una tira de tejido a juego o en contraste en la parte inferior. Consúltanos con una foto y las medidas.
La mayoría de los estores enrollables, sobre todo los de tejido técnico o con capa oscurecedora, no van a la lavadora. Se limpian extendidos con un paño húmedo y jabón neutro, o con la aspiradora a baja potencia, y se dejan secar desenrollados. Los estores de tela plegables sí suelen admitir lavado a mano o programa delicado, quitando antes las varillas.
Empieza por un lavado en frío con detergente suave y, si el amarilleo persiste, prueba un remojo previo en agua templada con un blanqueante sin cloro apto para tejidos delicados, siguiendo las instrucciones del producto. Nunca uses lejía en visillos de poliéster, porque los amarillea más, y sécalos a la sombra: el sol directo es una de las causas del tono amarillo.
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Lola Sánchez, Hogar y Confección, Azuaga (Badajoz), desde 1992.